jueves 13 de noviembre de 2008

Bush, ese hombre


Siguiendo con la política norteamericana, hoy toca comentar la figura del cuatrigesimo tercer Presidente de los Estados Unidos, es decir George W. Bush. Me inclino a escribir hoy sobre este hombre a raíz de leer este artículo.

Al oir decir a Bush a estas alturas "Me arrepiento de algunas cosas que no debería haber dicho", me recordó inmediatamente a las declaraciones de Jose María Aznar en febrero de 2007: "evidentemente todo el mundo pensaba que en Iraq había armas de destrucción masiva y no había armas de destrucción masiva, eso lo sabe todo el mundo y yo también lo sé, ahora".

No salgo de mi asombro con ciertos políticos de este bendito planeta Tierra, al final será verdad eso que dijo George Orwell, "El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces y el homicidio respetable". Cual osadía es la de este individuo, George Bush, para soltar precisamente ahora, al final de su mandato de 8 largísimos años, las palabras "me arrepiento". La verdadera lástima es que sólo se arrepiente de algunas cosas que dijo, no comenta absolutamente nada de lo que hizo. Y es que les guste o no a sus fieles seguidores (si es que queda alguno), es, ha sido, y lo será durante un largo tiempo, el peor Presidente de los Estados Unidos de América (Bush abandonará el Gobierno con los índices más bajos de popularidad en la historia de EE.UU.).

Al parecer, George Bush se lamenta de haber pedido "vivo o muerto" al líder de Al Qaeda tras los ataques del 11 de septiembre, sin embargo, no se lamenta de haber creado una sarta de mentiras (vínculos de Saddam con Al Qaeda, pruebas falsas sobre la ubicación de armas de destrucción masiva) para tratar de justificar la guerra en Iraq.

Los más aférrimos a Bush piensan que la guerra de Iraq es lo único que tienen en contra de él los críticos a su administración, pero es que la cosa no queda ahí. Si se analiza detenidamente los 8 años de Bush, el panorama es desolador, desde el profundo análisis que realiza Paul Krugman (Nobel de Economía en 2008) sobre la política económica de la administración Bush, pasando por el cercenamiento de las libertades en una democracia con tanta historia como la de Estados Unidos.

Tras los dos mandatos de Clinton, Estados Unidos ostentaba una buena situación económica y arrastraba una excelente marcha de crecimiento económico, con el inicio del siglo y con la política económica del equipo de Bush, las cosas cambiaron. La política económica neocon, así la llama Krugman, no fue otra que la causante de la caída de las Bolsas, escándalos empresariales, crisis energética, retroceso del medio ambiente, dos millones de nuevos parados, los déficits exterior y público, recesión, etcétera:
Krugman se asombra entonces de que la principal política económica de Bush consista en bajar los impuestos a los más ricos (con el pretexto de que son los que más invierten) en medio de dos guerras. Lo contrario de lo que decía el sentido común e incluso cualquier ortodoxia económica. Según nuestro economista, la secuencia que los neocons pretendían instalar tenía un cariz ideológico: rebajar los ingresos públicos, subir el déficit ("el déficit no importa", declaró el vicepresidente Dick Cheney), y aumentar al tiempo los gastos de seguridad y defensa. Cuando la situación se hiciese insostenible, la solución era cristalina: reducir los gastos sociales, lo que significaba acabar con el pequeño welfare estadounidense que, a su entender, es un freno a la eficacia del sistema.
Si a la mala política económica le sumamos "la quiebra moral" de la democracia más poderosa, que durante el mandato de Bush atropelló sus principios esenciales (Abu Ghraib, Guantánamo) en nombre de la guerra contra el terrorismo, nos da como resultado un periodo nefasto de la historia norteamericana. Bien es cierto que el 11-S ayudó para que Bush y su equipo aprovecharan los atentados para llevar a cabo ese recorte de libertades, logrando también convencer a la sociedad norteamericana de que habia motivos para una guerra en Iraq.

En fin, dejando de lado temas como el protocolo de Kioto y demás errores, lo único que me queda por plantear es lo siguiente ¿qué narices hizo bien este hombre? ¿cómo es posible que en 2004, aún sin poderse visualizar las graves secuelas de la guerra de Iraq, salio reelegido? No lo sé, de lo que no cabe duda es que este presidente aparecerá en todos los libros de historia.

Para finalizar, y si es que hay algo positivo que nos haya dejado George Bush, es que nos ha enseñado que el poder de los votos no legitima todos los actos de un dirigente, ni mucho menos demuestra que toda una sociedad este conforme con lo que un líder político realiza, aunque haya sido respaldado en las urnas. Lo que muchos esperan ahora de Obama es que se acabe de una vez por todas con esa parafernalia demagógica del "estas conmigo, o contra mí". Con suerte, y digo con suerte, la percepción que tiene el mundo de los Estados Unidos y de su actuación como primera potencia mundial, cambie radicalmente bajo el mandato de Barack Obama (he dicho con suerte).